Arpegio de guitarra suicida
en el oído
de la lúgubre lujuria del sonido.
Inconformes salidas
gotas que duermen en la selva.
Pisando lúcidas cabezas
caminan las garras de esta fauna.
Plumas, colmillos, escamas
y una inocente cárcel que se quiebra.
Horas y horas.
Dagas y ganas
bañan tu sensible cuerpo
mientras rozan con la frente y las rodillas
el musgo oscuro de un arroyo
que recorre los recuerdos
y pone a prueba la osadía.
Brilla la pupila y fija la mira
en la base de una copa
esclava de restos de vino;
rebalsada de finos anhelos de alivio.
De letras armonizadas
consta este secreto
y ese fiel momento
que te atormenta.
De tambores bautizados
por el sudor de los compases
consta este momento
y ese fiel secreto
que te acompaña.
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