Del otro lado del mundo no hay nada mas que vino y pastillas mi amor. Tomémonos el tren de la vida eterna, comprémonos un boleto cueste lo que cueste, aunque nos cueste la vida.
Del otro lado del mundo hay vida corta pero linda. Hay colores. Hay grillos que regalan ácido en gotero. Hay espirales que terminan donde quieras cuando quieras. Hay una fuente grande que llega hasta el cielo y que tiene caramelo. Y no hay escuelas ni iglesias ni bibliotecas donde exijan silencio. Hay zoológicos donde todos los animales son felices y andan sueltos. Te muerden solo si los molestas, si no lo haces juegan con vos a la escondida en una montaña de fantasía, risas y pornografía.
No hay policía. Hay madres por todos lados: Si haces algo malo no te cagan a patadas, te degradan o te encierran de por vida. Te dan un suave golpe, te dicen que esta mal y a los quince minutos te traen galletas y chocolatada caliente o fría. ¡Es la tierra prometida! Nadie llega a viejo porque no se envejece ni muere del otro lado del mundo. Cuando entrás te reciben con cigarros y droga; y si no te drogas, ese habito es pasado: En esta tierra no hay consecuencias ni efecto secundario ni abstinencia. En esta tierra no hay problemas ni embarazo no querido ni condenas.
Hay mucho sexo y no hay enfermedades. Por todos lados hay semen y fluidos vaginales.
Hay albinos, disparos sin destino y música radiante.
No hay acné ni caretas ni fotos truchas ni maletas. Hay malabares, trompetas y siempre hay postre después de la cena. No hay documentos ni libretas; no hay impuestos ni colas ni secuestros.
Hay azúcar rosa y celeste. Dulce de leche amarillo y un mar de confites. También hay cielos de mermelada y campos de frutillas.
No hay dudas ni hambre ni religiones. Todos saben todo y todos se conocen. Si hay algún problema todo se habla y entre todos se soluciona.
No hay placer por dolor ajeno. No hay bulevares con basura ni botellas rotas. Hay conejos que se encargan de todo: Son violetas o de todos los colores.
No hay ni gays ni travestis ni lesbianas. En la sexualidad no se establecen diferencias. Allí se entiende que somos todos personas.
En los patios de las casas hay nidos de hormigas que hablan y silban. Cuando están aburridas construyen con cemento miles y miles de casitas o alguna megaestructura.
Nadie corre si no quiere. Nadie tiene apuros ni laburo. La comida llueve junto al agua. Todos se bañan en el patio mientras las hormigas cantan.
Todos creen en los ovnis o extraterrestres porque son nuestros amigos. No son verdes ni gelatinosos ni de ojos gigantes ni de lenguaje jeroglífico. Son normales: tienen piercing en la lengua y dos riñones. Pero son todos varones como los mormones.
Allá tampoco hay mormones ni sermones los domingos a las 9. Pero hay tallarines invasores, chistosos y narigones. Como los gusanos que hacen fiesta los viernes a la noche. Hay sonidos electrónicos y drogas de diseño; hay comida a la salida y taxis caribeños.
La avenida es parecida a la ciudad de Venecia. Pero el río es de hielo y no hace frío. Allá la que manda es la reina Batata y la naranja se pasea sin pedir que la apuñalen.
Es todo un parque de diversiones. Los mapaches tienen linterna, pantalones, una placa y millones de razones para sonreír, aunque no lo hagan. Después de todo siguen siendo marsupiales.
Allá no son sagrados ni las vacas ni los gatos ni los bisontes. Allá son sagrados los caracoles, las uvas, las pastillas y alfajores.
La televisión no es importante y hay millones de razones. Hay una ciudad de globos desinflados con cascos de soldados.
Hay ballenas que pasean en el aire. Son mas chiquitas y hermosas que las normales y caminan de la mano con los caimanes.
Hay una única regla: No joder a nadie. Nadie la respeta pero a nadie le jode.
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