El primer rayo de luz penetraba los cristales.
Los colores adornaban
las esquinas oscuras del mundo
que dejaban expuestas la humedad y la muerte
ante los ojos que todavía
no habían encontrado forma ni sentido.
Se oyó la voz viva y aguda
de un movimiento lejano
que fue asomándose
hasta dejar todo blanco
y efímeramente brillante.
El suelo se enfriaba
y así las almas comenzaban a acoplar la materia
que subía exigiendo al cielo rojo
más movimiento.
Agua y humo adornaba
lo que hoy llamamos
un misterio.
Nubló los ojos también
de la abundante hierba oscura
de las bestias moribundas que fijaban la mirada en la neblina
exigiendo al cielo negro
más y mas comida.
Tanto libertinaje dejo huecos
en los primeros abrazos del sol en el alba.
Las mandíbulas caídas
perdieron su cruel existencia
y el agua escupió una traición tan grave
que hasta el día de hoy sigue matando
al génesis.
apocaliptico texto
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