Hay números en todos lados, por todas partes. El mundo es radicalmente matemático desde que se descubrió la macabra, la horrible ciencia de las matemáticas.
En este momento hay números y signos en todo lo que me rodea. Hay más de una ecuación por artefacto, más de un artefacto por parte y más de una parte por objeto. Son muchas cuentas, muchas ecuaciones, mucha matemática, muchos números para un solo objeto.
Y a su vez hay muchas ecuaciones detrás de las herramientas que se utilizan para fabricar esos artefactos. O muchas herramientas para fabricar esas mismas herramientas. Generalmente, una herramienta fabrica otra herramienta para fabricar algo mas difícil y preciso, más milimétrico, con mucha más matemática y más números. Estos artefactos tan pequeños necesitan encajar perfectamente en otros artefactos que son de su misma dimensión; así la cantidad de ecuaciones crece y crece, se multiplica constantemente en una espiral que avanza descubriendo números cada vez más y más complejos que se aplican en dimensiones físicas que escapan de nuestra propia percepción, pero que se descubrieron y se categorizan gracias a la matemática, a los números.
Todo, absolutamente todo tiene un número. Ni siquiera la naturaleza inexacta se escapa de esta ciencia tan obsesiva y exacta, ya que si, por ejemplo, una especie no tiene un número exacto en todos sus individuos, se miden ciertas características físicas de cierto numero de ellos. Luego, esas medidas exactas se suman, y ese número se divide exactamente por la cantidad de individuos que fueron exactamente medidos. Ese resultado es el número promedio de las medidas físicas utilizadas de esa especie. Esto no significa que este número sea exacto dentro de las características de la especie (es mas, puede que ninguno de los individuos tenga en su característica física esa medida calculada) pero aún así, ese resultado fue determinado por la precisión y la exactitud de las matemáticas.
Desde lo sólido hasta lo gaseoso, pasando por lo liquido, todo tiene números, todo. ¡Y si no tiene número, se busca la forma de aplicarle uno! ¡Además, sin pensar siquiera que un número trae consigo más y más números altamente manipulables!
Estadísticas, más y más números exactos que traen consigo y como resultado más números probables que, sea como sea, no escapan de la exactitud, de esa exactitud hipnotizante que constantemente aprieta las neuronas, las millones y millones de neuronas que se apagan y encienden dentro de nuestro cráneo (un número de neuronas cuya cantidad exacta no conozco, pero que está dentro de un cálculo promedio, dentro de las dimensiones del numero de tamaño promedio del cráneo. Neuronas que se apagan y encienden cada vez más y más rápido dentro de nuestro cráneo cuando pensamos en números, cuando los relacionamos o los entrelazamos en más y más ecuaciones junto a números que, al no conocer su valor exacto, se reemplazan con una letra. Ahora el esfuerzo lógico y la amplia metodología matemática se agudizan, se afilan y se complican hasta el punto de, muchas veces, dejar ecuaciones de suma importancia estancadas en un laberinto de números, letras y signos que de nada sirven sin un valor final. Además, posiblemente ese valor final, ese número al cual costo tanto llegar se utilice para otra ecuación tal vez mas complicada. Y, posiblemente, así sucesivamente (tal vez no en el momento de terminar esa última ecuación, pero probablemente sí se lo utilice en horas o siglos posteriores).
Se conoce el diámetro de nuestro planeta a pesar de su enorme dimensión. Y también lo que tarda en dar una vuelta exacta y completa al sol. Así se determino la duración de los días, la de los meses, las estaciones, los años, las décadas, los siglos.
El tiempo no escapa de los números, nadie ni nada lo hace; esto no es raro, es natural, es solo un descubrimiento, una determinación cuantitativa de algo que ya existe o fue creado. Lo realmente raro, lo realmente malo de los números es el carácter obsesivo que despierta dentro mío. Me es inevitable caminar sin dejar de pensar en la cantidad de formas numéricas que me rodean: En toda recta, en toda curva, en toda intersección de los conjuntos de puntos que me rodean paso a paso. Pasos que también son víctima de una medida exacta que no fue y nunca sera siquiera estimada, pero que inevitablemente existe, como si de verdad fuera crucial su existencia para el equilibrio de un universo que engrana equitativa y perfectamente cada una de sus billones y billones de partes esparcidas en el espacio, que hasta ahora cuya medida es infinita, tal como los números.
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